Tu risa acabó por ser mi melodía favorita.

La gente me pregunta que por qué, que por qué le quiero tanto, y a veces, me da por pensarlo, la mayoría de personas que saben de lo que hablo, me recuerda casi todos los días que tiene mil defectos, y que con ellos podrían hacer la lista más larga que pudiera existir, que es mayor, que no le vas a ver en mucho tiempo, y que con un poquito de suerte, puede que sean dos veces al año, que podré pasarlo mal, y bueno, ya ni que podré, que voy a pasarlo mal, que no merece la pena y que nunca lograré nada, que el tiene otros intereses y a otras chicas en la mente. Y es que, sabiendo todo lo que voy a pasar, no sé a que se debe todo esto, es como el fumador adicto totalmente, dependiente del tabaco, sabe que seguramente acabe en un hospital, enchufado a una máquina que respire por él, (o ella), el resto de sus asquerosos y tristes días, con los pulmones negros, podridos de humo y con un pie en el otro barrio, pero por alguna razón no me lo quito de la cabeza, y quizás hoy lo amo menos que mañana, y mañana, menos que pasado, y así. Quizás sean sus ojos, o lo bien que queda mi nombre en su boca. Puede que sea su sonrisa perfecta, que si me quedo mirandola un ratito, consigue hacerme sonreír a mí también, y que desde el primer día que la vi, hoy es mi mejor recuerdo. O sus manías, o no sé, son un poco tontas y difíciles de explicar, ¿pero y qué? son realmente adorables. Por ser como es, por ser tan simpático y cariñoso conmigo. O sus brazos, o su altura. Sus ambiciones de comerse el mundo en venticuatro horas, bocado a bocado. La seguridad que marca en cada paso que da y deja rastro pase por donde pase y que, de alguna manera, contagia a todo el mundo que conoce. Por ser distinto, y bueno, ya sé que todas dicen lo mismo, pero para mí, él lo es, y de una manera muy especial, por que cuando te enamoras de alguien, ese alguien pasa a ser jodidamente perfecto a ojos del enamorado, y hoy, aunque no lo parezca, le veo más perfecto que nunca.

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